“A veces la palabra solo representa una manera, más hábil que el silencio de callar”

Jean Paul Sartre





lunes, 6 de agosto de 2012

DESATORMENTÁNDONOS



El otoño con su armonía de ocres suspiraba desde el sur. Ella venía huyendo de la primavera  y cruzaba resuelta aquel parque foráneo; a su paso, la estridente percusión de hojas secas lograba acallar solo por unos segundos el embravecido soliloquio de las contradicciones. El frío hostigaba sus huesos y le sugería posibles conspiraciones cosmológicas en su contra. Estaba escindida pero decidida, no más dudas mordientes, ni excusas pertinaces, ni el constante someterse a la usura de los errores cometidos e inducidos, no más infructuosos esfuerzos por amalgamar destinos esquivos. La culpa enturbiaba las conclusiones, ella sabía perfectamente que su devoción por las metáforas la tornaba peligrosa, y ensayaba consolaciones filosóficas para usar en caso de emergencia.
Los postulados lúgubres de la soledad que merodean ciertos atardeceres, lo encontraban sentado en aquel banco, esperándola, maldiciendo su cita a ciegas con el desamor y aquella verdad tardía encharcada en remordimientos. Así lo halló ella, taciturno y vencido. La sinuosidad de su mirada predecía la victoria de la distancia, y ella se miró en sus ojos y pudo ver el dolor que subyace tras lo eterno que tiene todo retorno. Entrelazaron los cabos sueltos por la fatalidad, hubo palabrería obvia, silencios benevolentes y resignación. Derramaron sobre las heridas todo el amor subsistente,  para poder firmar la tregua definitiva que los eximió del  capcioso y obligado final feliz.


martes, 3 de julio de 2012

IN DUBIO PRO REO





Puede que haya permanecido demasiado tiempo oculta en lo abismal de mi trinchera.
Puede que haya sido desatinado de mi parte ir a la guerra, y no contar con más táctica y estrategia que la que me enseñó M.B. 
Puede que sea una mujer de letras y no de acción, y  que la única destreza que posea sea para el combate palabra a palabra.
Puede que haya usado algunas palabras en defensa propia y luego, empuñado esas mismas palabras para lastimar a otros. 
Puede que mi intuición haya sido abatida por fuego amigo, en medio de un cruento derramamiento de oportunidades.
Puede que el orgullo forme parte del tristemente célebre daño colateral.

Puede que a causa del idealismo irredimible no sepa cómo amar enfangada en la cotidianidad.
Puede que tanto vínculo de cotillón haya hecho imprescindible el disfraz.
Puede que en la batahola generalizada haya confundido el unicornio azul con un Pequeño Pony comprado en la Salada.
Puede que me siga fastidiando por toda la eternidad, la mezquindad  y la libre autodeterminación de sus labios.
Puede que  Victor Hugo esté en lo cierto,  y que la vida no pase de ser una larga pérdida de todo lo que amamos. 
Puede que estas brasas lacerantes sean el prólogo, o puede que sean el epilogo del incendio.